jueves, 28 de septiembre de 2017

Buen provecho!!!!

Hola a todos… después de unos meses de “silencio” retomamos nuestras aportaciones al mundo de las personas con TEA, con una entrada sobre alimentación.
Esta semana vamos a centrarnos en algo que, a terapeutas y padres (especialmente) puede inquietarnos, que son las dificultades con la “comida”. Éstas, pueden ser de diferente tipo: a veces nos encontramos con que nuestro hijo  comía determinados alimentos que deja de comer, o que rechaza ciertas texturas que antes toleraba… también hay casos de niños que jamás aceptaron sólidos que no fueran “algo” crujiente (como piquitos o patatas fritas), o tuvieran un sabor fuerte (aceitunas) o sólo aceptan comida semisólida (purés)
Para comenzar a intervenir, tanto desde las sesiones individualizadas o desde los contextos escolares, en este ámbito, será importante obtener información de la familia, tanto para conocer el “estado de la cuestión” (qué alimentos come y cómo los come) como para poder conocer las necesidades y prioridades del entorno familiar y poder entre todos abordarlas.
No es recomendable plantearnos introducir un gran conjunto de alimentos, es necesario que prioricemos. Para ello, los criterios pueden ser diferentes, desde necesidades individuales (ampliar su repertorio restringido de alimentos) hasta motivados por el contexto (por ejemplo, es habitual que en los coles haya un menú de meriendas).
Una vez consensuado con la familia el alimento que vamos a trabajar daremos los siguientes pasos:
1.       Permitir al niño tomar contacto con este alimento, es decir, que lo manipule, huela, aplaste…. dándole margen… de hecho, que lo tolere delante sin desajustarse, será el primer paso a conseguir para avanzar. Podemos “jugar” con los alimentos, en el sentido de cambiarlos de recipiente (tocándolos)… acercárnoslos a la cara a modo de juego… Se trata de que este momento, sea algo relajado y no estresante.
2.       Una vez que la presentación del alimento (ponérselo por delante) no genera rechazo, empezaremos a probar. El objetivo inicial será tolerar en la boca un trozo muy pequeño (la mitad de la uña de nuestro dedo meñique). Ese tiempo de tolerancia, será más grande de forma progresiva, e inicialmente nos conformaremos con unos segundos que podremos ir ampliando. Si esto lo hace por sí mismo (ponerlo en la boca), es lo ideal. A veces, no son capaces y necesitan que seamos nosotros quien lo pongamos en su boca.
3.       Para favorecer la masticación y deglución del nuevo alimento (en los casos de masticación selectiva, es decir, en aquellos que el niño ya mastica sin dificultad, pero sólo algunos alimentos), podemos ofrecerle algo que le guste, sólido, semisólido o líquido, de manera que se anime a tragar (agua, patatas, conos, zumos o el plato de puré que habitualmente come…)
4.       Una vez logrado esto con un pequeño trozo, iremos manejando otras variables para “aumentar” nuestro objetivo (podemos ampliar el tamaño del trozo o el número de trozos)
Para aumentar la comprensión del objetivo que pretendemos podemos apoyar  visualmente la tarea, bien con la mera disposición de los platos, o incorporando una  regleta.

Primero lo que no te gusta y después lo que te gusta

La regleta es una base que podemos fabricar nosotros con cartulina y plastificar para que sea de fácil limpieza. Por ejemplo, podríamos comenzar poniendo un trocito de aquel alimento que estamos trabajando, o una foto pequeña que pegaremos con velcro y el  refuerzo, por ejemplo: manzana -patata-patata-manzana-patata-patata,  iremos  disminuyendo el número de reforzadores y aumentando el número de trozos del alimento a trabajar,  de tal manera que al final sólo pongamos manzana y en la última casilla, el reforzador. Cuando pasemos de la regleta al plato, para algunos niños podría entrañar algún problema y  puede ayudar que  coloquemos los alimentos en línea (como lo poníamos en la regleta), para después pasar a poner los trozos desordenados en el plato.

Plátano, cono, plátano, cono... 
Como con todos los aprendizajes, y en el caso que no estemos abordándolo en el contexto natural (que es la situación mejor, sin duda) en ocasiones es necesario generalizar esta nueva introducción a otras personas (en un primer momento) y en otros contextos (más adelante). Por ejemplo, una vez que el niño coma el alimento sin problema  con nosotros, pasaremos a que madre/padre/ abuelo… suba a la sesión a observar cómo come el niño el alimento con la terapeuta. Una vez que el familiar que va a llevar a cabo la generalización haya visto el procedimiento será el momento que él sea el que se ponga en el lugar del terapeuta  y  realice la presentación del alimento. Normalmente este proceso llevará un tiempo que puede variar dependiendo de cada niño, una vez conseguido pasaremos a comerlo fuera de este espacio y trasladarlo (a veces de forma progresiva, en otras no es tan necesario pasos intermedios) al contexto en el que se va a tener que desarrollar esta conducta.
Si a los niños, sobre todo al principio, les genera ansiedad puede, como siempre,  utilizar la agenda de pictogramas para que sepa en qué momento se abordará esta actividad. Y finalmente, otro elemento clave para favorecer que el niño se anime a probar cosas nuevas es  el apetito, lo ideal será ofrecerle el alimento en momentos en los que sabemos que tendrá hambre.
Lo preferible, si estamos trabajando en el contexto natural, sería abordar esto “todos los días”, pero sólo lo haremos en una de las comidas principales. En las restantes, el niño comerá lo que habitualmente acepta.
Para concluir, sabemos que este ámbito es especialmente complejo en algunos niños con TEA y de muy difícil abordaje, así que estamos a vuestra disposición para cualquier consulta que queráis hacernos al respecto, y si la reflejáis en el blog, puede ser de ayuda también para otras familias o profesionales.

Hasta la próxima!!!!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario